El pasado mes de julio, en el VII Encuentro Galapagar de la Fundación Javerianas, dedicamos un espacio a reflexionar juntos sobre uno de los retos educativos que más preguntas está generando en nuestros centros: el uso de la inteligencia artificial
De aquella reflexión compartida nos llevamos una idea fundamental: la cuestión ya no es si la IA va a entrar en nuestras aulas, porque ya está en ellas, sino cómo queremos educar para convivir con ella.
Los datos recogidos en la presentación nos mostraron que nuestros estudiantes recurren a estas herramientas para preparar trabajos y tareas, estudiar, traducir, buscar orientación académica o profesional e incluso comunicarse con sus docentes. Por eso creemos que nuestra respuesta como educadores no puede limitarse a intentar descubrir si un alumno ha utilizado o no inteligencia artificial.
Nuestro objetivo debe ser mucho más ambicioso: enseñar a utilizarla bien.
Primero la educación, después la herramienta
En Fundación Javerianas queremos que la inteligencia artificial esté al servicio del aprendizaje, y no al revés. Antes de elegir una herramienta debemos tener claro qué queremos que nuestros alumnos aprendan.
El decálogo presentado en Galapagar lo resumía con claridad: priorizar la pedagogía, integrar la IA en momentos relevantes de la secuencia de aprendizaje, utilizar herramientas seguras, desarrollar el pensamiento crítico, establecer reglas claras, proteger la privacidad y mantener siempre la evaluación y el acompañamiento humano como responsabilidad del profesorado.
Una de nuestras principales tareas educativas será enseñar a nuestros estudiantes a contrastar información, detectar errores y sesgos, comprobar fuentes, reconocer la autoría y tomar decisiones responsables.
También tendremos que enseñar algo quizá menos evidente: saber cuándo no utilizarla. Una verdadera competencia digital implica comprender qué puede aportar una tecnología, pero también conocer sus límites.
Una oportunidad que también plantea riesgos
La IA puede ayudarnos a personalizar determinados aprendizajes, generar materiales, ofrecer apoyo en tareas concretas o facilitar algunos procesos de trabajo del profesorado. Pero su rapidez y facilidad también pueden llevarnos a delegar demasiado.
En la presentación recogimos una reflexión de la encíclica Magnifica Humanitas: la facilidad para obtener respuestas y elaboraciones complejas puede simplificar nuestra vida, pero también acostumbrarnos a buscar respuestas inmediatas y debilitar el ejercicio personal y la creatividad.
Ahí encontramos uno de nuestros principales retos educativos. Queremos alumnos capaces de utilizar estas herramientas sin dejar de desarrollar aquello que ninguna tecnología debería sustituir: el pensamiento propio, la creatividad, el esfuerzo, la capacidad de argumentar y el criterio personal.
Por eso hablamos también de educar en el discernimiento, establecer límites y cuidar una verdadera “higiene de la atención”. La propia presentación plantea como prioridades formar un pensamiento crítico y creativo, revisar nuestros sistemas de evaluación y mantener una formación continua del profesorado.
Cambiar algunas tareas y también nuestra forma de evaluar
La aparición de la IA nos invita además a revisar algunas de nuestras prácticas.
Si una actividad puede resolverse completamente mediante una herramienta automática sin que el alumno necesite comprender lo que está haciendo, quizá el problema no esté solamente en la herramienta. También debemos preguntarnos si podemos diseñar mejor la tarea.
Queremos avanzar hacia actividades conectadas con situaciones reales, que relacionen teoría y práctica, que obliguen a explicar decisiones y que permitan trabajar críticamente con las respuestas generadas por la propia IA.
Lo mismo sucede con la evaluación. Necesitamos valorar más el proceso de aprendizaje y no solamente el producto final: defensas orales, trabajo supervisado en el aula, borradores, fases intermedias o actividades en las que el alumno tenga que explicar y justificar lo que ha hecho.
No se trata de construir una cultura de vigilancia, sino de reconstruir la confianza y los vínculos personales en el aula, una de las ideas centrales de la reflexión presentada en Galapagar a nuestro profesorado de los centros educativos de la FJ de Madrid, Barcelona, Portugalete y Valencia.
Una respuesta compartida como Fundación
Este reto tampoco puede recaer individualmente sobre cada docente. Necesitamos construir criterios comunes.
Por eso consideramos necesario avanzar hacia planes de centro sobre inteligencia artificial que incluyan formación docente, formación del alumnado, criterios compartidos de evaluación y un refuerzo de la orientación y la tutoría.
Ese es el camino que queremos recorrer en Fundación Javerianas.
No aspiramos simplemente a que nuestros estudiantes aprendan a utilizar herramientas de inteligencia artificial. Queremos que aprendan a pensar con ellas, cuestionarlas, utilizarlas de manera responsable y prescindir de ellas cuando sea necesario.
Porque, incluso en un contexto de enorme transformación tecnológica, lo esencial de nuestra misión educativa permanece: acompañar a nuestros alumnos para que sean personas críticas, creativas, responsables y profundamente humanas.
